Podría haber sido Cartarescu

Solenoide es una fuente importante de conocimiento impenetrable. La escritura de Cartarescu nos conduce a varias dimensiones, incluida la cuarta”.

Carlos Decker-Molina / La Paz

Suele ser el segundo jueves de octubre cuando la Academia Sueca abre, a las 13:00 horas, el portón de su secretaría y aparece el académico que muy breve dice: El galardonado es fulano y lee en varios idiomas la razón.

Este año no hay premio porque la Academia está en plena tarea de reinventarse o, me atrevo a decir, está a punto de perder el privilegio. Hace días el presidente del Instituto Nobel, que da el encargo a la Academia para discernir el premio, están buscando afanosamente otra institución con iguales o mejores calificaciones.

La ausencia de Nobel 2018 pienso cubrir con la presentación de un gigante con una novela del mismo porte, 800 páginas densas. Tardé un mes en leer y quedé anonadado y sumergido en un mundo surrealista del que aún no he terminado de salir. Diría: Escribo este texto encerrado en un cuarto donde se puede levitar.

Advierto que no he leído nada más de Cartarescu, estoy en la cacería de sus libros. Lo conocí de oídas cuando llegó hace años a Estocolmo y, confieso con vergüenza, no me llamó la atención, pensé: Otro escritor de un ex país comunista que presenta la novela-post-sistema-odio-reprimido.

Mircea Castarescu es un maestro del relato. Solenoide tiene ese no-sé-qué que sumerge al lector, a pesar de que le pican los piojos, huele la pobreza, vomita de asco, admite la existencia de un submundo sobre un Solenoide donde hace el amor en estado de levitación.

Ya nadie escribe de ese modo.

Reseñar Solenoide no es fácil porque a medida que el relator, un profesor que enseña rumano en una escuela primaria va contando sus fracasos, su infancia, sus viajes diarios de la casa a la escuela y viceversa, de pronto se interrumpen y otras historias se abren paso, se sobreponen, huyen de la principal, vuelven, revierten y desaparecen. Además, los detalles del medio escénico recuerdan a Naipaul.

Hay una escena clave del relator sin nombre, es alguien que quería ser escritor, tenía toda la voluntad, la entereza y la necesidad existencial. Se presenta en una velada literaria en la Facultad de Letras, en los que los aspirantes a escritores deben leer algún trabajo, el personaje lee un poema largo y la audiencia desgarra verso por verso el texto del aspirante y lo condenan a seguir siendo un profesor de rumano en una escuela primaria con alumnos llenos de piojos. Nos llega a todos los que escribimos porque el fracaso vive a nuestra vera, es el monstruo que engendra el derrotismo, sopla al oído el desánimo, el monstruo que arrolla al amor propio y hace perder seguridad. Derrotismo que pregunta al fracasado ¿Qué obligación tienes en un mundo que te da la espalda?

Solenoide es una fuente importante de conocimiento impenetrable. La escritura de Cartarescu nos conduce a varias dimensiones, incluida la cuarta. La otra escena que me conmocionó es una pieza morbosa pero fascinante de un niño (el relator) en un sanatorio para niños tuberculosos, pienso que Castarescu recreó La montaña mágica, de Thomas Mann y la puso al nivel de cuento de niños con una maestría envidiable.

La surrealidad no sólo está en la descripción de su casa en forma de barco, sino en los laberintos en los que a veces se pierde, ocurre también en la escuela o en ese mundo extraño de fábricas abandonadas, llenas de vericuetos, salones vacíos y a veces habitados. Laberintos reales o existenciales del protagonista, hay mucho más como aquello oculto en los intestinos de la construcción: El solenoide. Cómo olvidar el sillón de dentista que mira a través de un tablero de mandos imposibles, esperando que alguien pulse algún botón para que la nave parte a los espacios.

Mircea Castarescu, advierte al lector -en más de una ocasión- que su narración no es una novela, Solenoide es una experiencia. No estoy de acuerdo con el autor, para mí es una novela sobre una experiencia real y surreal.

Es un libro que exige dos y tres lecturas. Estoy seguro de que, como el Ulises, de Joyce, cada lectura es una nueva experiencia.

Mircea Cartarescu es para mí el Nobel de Literatura 2018.

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Fuente: https://www.paginasiete.bo/cultura/2018/10/4/podria-haber-sido-cartarescu-195794.html

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