De mi colección recortes y papelitos. Disminuirse y dar pena, ¿la razón de algunos diminutivos?

El papelito es viejo, lo escribí en algún viaje que hice a Bolivia cuando escuché a una mujer decir a la vendedora de boletos de bus en la terminal de Santa Cruz.

  • Niñitay venderime no más un pasajito pues …
  • Ya le he dicho señora que no hay. El bus está lleno.
  • No sea malita pues, mirarímelo un poquito más … es que bien urgente mi viaje. Por favorcito pues niñitay.

Me dio pena y bronca. Una haciendo el papel de autoridad, empleando un tono de mandamás y la otra disminuyéndose para provocar pena, tristeza o conmiseración para lograr el objetivo de comprar un pasaje de bus. ¿Tendría evidente urgencia? ¿Estaría el bus completo? Carecemos de la confianza ciudadana de otras sociedades. Un inglés, un alemán o un sueco se tienen confianza. Si dice no hay pasajes, es que evidentemente no hay. Lo que implica que el comprador acepta y no exije más porque sabe que no lo están engañando

No sé cómo terminó el dialogo que más bien fueron monólogos yuxtapuestos, otra de las características de mi país de nacimiento.

Un amigo sueco, periodista, que vivió muchos años en Bolivia y retornó a Estocolmo suele llamarme Mallcu Decker cuando nos encontramos. Una noche cenando en su casa me dijo “Bolivia es el país de los diminutivos”, fue una afirmación rotunda y no el principio de una indagación. No me estaba preguntando nada, me estaba informado cómo veía a Bolivia: “El país de los diminutivos”   

Según la Gramática Descriptiva de la Lengua Española de la Real Academia, el uso del diminutivo sirve principalmente para despertar los sentimientos emotivos del oyente.

Para mis amigos árabes soy Carluli, para los albaneses Carlush, el sufijo USH es el que se usa en los diminutivos albaneses como el LULI en el árabe. Pero también Carlosito para una colega de Sarajevo o Deckerito para uno de Argentina, aunque originalmente fue una colega chilena quien empleaba el diminutivo de mí apellido.

Según me contaron mis colegas árabes y albaneses, los diminutivos los usan cuando se refieren a los niños, cuando hay que añadirle cariño a la expresión, pero no van más allá. Algo similar pasa con el finlandés por lo menos así me dijo Riita Alanen, colega y amiga: “No hay una regla clara, no usamos tantos diminutivos” En finlandés o finés se agrega NEN al final de la palabra, por ejemplo, pedazo es pala en finés y pedacito sería palaNEN, pero también se puede agregar pikku, pero, al comienzo de la palabra, Niña en finlandés es tyttö, una niñita sería PIKKUtyttö.  Riita sostiene que los diminutivos se usan cuando se habla con los niños y, con una excepción (chiquito – pequeñito = PIKKuinen), los adjetivos finlandeses no tienen diminutivos.

En un ensayo del danés Kristen Möller se puede leer que la Academia Sueca de la lengua no tiene un capitulo sobre los diminutivos, el tema está comentado en artículos sueltos. Para Möller la razón es que el diminutivo en sueco no tiene la importancia o trascendencia que tiene en los idiomas con raíz latina, como el español y el italiano.

Aspetti un attimino – dice el italiano equivalente a espere un poquito o puede hacerme una rebajita en italiano sería: Mi fa uno sconticino.  

Un momentito por favor, para un yanqui no tiene la persuasión del español porque diría Just a moment, please. O el inglés anything else at all, madam? se convertiría en ¿alguna cosita más, señora?

No soy lingüista, soy un simple observador, por eso no puedo zambullir en aguas extrañas. La inflación de diminutivos en Bolivia supera al de los españoles de la península que también usan diminutivos, pero no como instrumento psicológico para conseguir algo procurando dar lástima o para bajar la penalidad de un error, a veces consciente. A veces el diminutivo en Bolivia me suena a servilismo, a inferioridad frente al colonizador, al cura, al patrón, al jefe incluido el político, pueda que tenga un componente de engaño y de sumisión.

El diminutivo puede tener un tono burlesco, un crítico literario calificó al autor de una novela como un Bolañito, es decir una mala copia de Bolaño, un Bolaño empequeñecido.      

Los diminutivos dejan al descubierto un universo hecho de cosas pequeñas, pero no es un universo real, pienso que no hay por qué exagerar y convertir una vaca grande y lechera en una vaquita sólo porque el interlocutor es un niño. Hay quienes defienden el uso de los diminutivos por su efecto cariñoso, acariciador, zalamero diría yo. Que su uso limitado puede conllevar ese efecto del que hablan sus defensores, está bien. Puedo aceptar incluso un oxímoron: ¡dame un besito enorme!

Encontré un poema con diminutivos y es de Juan Gelman a quien conocí personalmente a través de Hernán Bernengo amigo y colega, fue su anfitrión en una visita a Estocolmo en los lejanos 80. El poema con diminutivos es

Si dulcemente …

Si dulcemente por tu cabeza pasaban las olas

del que se tiró al mar/ ¿qué pasa con los

hermanitos

que entierraron? / ¿hojitas les crecen de los

dedos?/ ¿arbolitos/otoños

que los deshojan como mudos? / en silencio

los hermanitos hablan de la vez

que estuvieron a dostres dedos de la muerte/ sonríen

recordando/ aquel alivio sienten todavía

como si no hubieran morido/ como si

paco brillara y rodolfo mirase

toda la olvidadera que solía arrastrar

colgándole del hombro/ o Haroldo hurgando su amargura (siempre)

sacase el as de espadas/ puso su boca contra el viento/

aspiró vida/vidas/ con sus ojos miró la terrible/

pero ahora están hablando de cuando

operaron con suerte/ nadie mató/ nadie fue muerto/ el enemigo

fue burlado y un poco de la humillación general.

se recató/ con corajes/ con sueños/ tendidos

en todo eso los compañeros/ mudos/

deshuesándose en la noche de enero/

quietos por fin/ solísimos/ sin besos.  te por tu cabeza pasaban las olas
del que se tiró

A lo largo de este texto uso el diminutivo de papeles y escribo: papelitos, porque evidentemente son pedazos de papel, en algunos casos servilletas de bares y boliches, algunos tan diminutos que se ocultaron en algún bolsillo en los que escribí algo que en ese momento me llamó la atención. Les tengo cariño a mis apuntes escritos en papelitos diversos, uso del diminutivo porque quiero despertar los sentimientos emotivos del (oyente) lector, del que habla la RAE.

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