Con Antonio Muñoz Molina (7.203 cc con títulos)

”Quien quiere o puede irse de un día para otro, romper con todo, con la vida de siempre, con los lazos del corazón y los hábitos de la vida diaria, quién no se aflige al pensar que debe perder su casa, sus libros, su sillón preferido, la normalidad que ha conocido siempre, que sigue durando a pesar de los golpes en la puerta de los vecinos o el disparo que ha segado en un instante una vida o la pedrada en los cristales de la sastrería o de la tienda de ultramarinos del vecindario, cuya fachada aparece groseramente pintada una mañana una estrella de David y una sola palabra que contiene en su brevedad el máximo grado posible de injuria: Juden”

 

Paseábamos las frías calles de Estocolmo en el afán de una sopa de pescado en Hötorget cuando salió el tema de los exilios habida cuenta de que Antonio estaba en Estocolmo para presentar una tardía, pero muy bien planeada, por la época en que se publica edición en sueco de su Sefarad (2001) y la pregunta

  • ¿Por qué en Suecia, cuantos años vives aquí?

Me dijo que mis historias bien podían estar en el libro, es más escribió una dedicatoria en la primera página de su novela Sefarad que la tenía conmigo justo para tener su firma.

A lo largo de las horas que departimos saqué la conclusión de que las historias escritas en Sefarad son producto de la casualidad, de las lecturas y de relatos oídos por él, las fue hilvanando con otros exilios y con ayuda de trenes y de fronteras.

  • ¿Qué es el tren para ti? Le pregunté
  • Estoy emparentado con él desde niño, en la novela es el hilo conductor
  • A mí también me gustan los trenes, crecí junto a ellos, he escrito sobre el carácter misterioso y romántico de los trenes. Ese subir y bajar recorriendo planicies y montañas nunca terminadas de conocer.

“Después de encontrarse por primera vez con Milena y de pasar con ella cuatro días enteros Franz Kafka volvía en el expreso de Viena a Praga con la inquietud de llegar a su trabajo a la mañana siguiente, con una mezcla de felicidad y de culpa, de ebria dulzura e intolerable amputación, pues no sabía acostumbrarse ahora a estar solo no podía calcular el tiempo que le faltaba para volver a encontrarse con su amante. Cuando el tren se detuvo en la estación de Gmünd la policía fronteriza le dijo que no podía continuar su viaje hacia Praga; le faltaba un papel entre sus copiosos documentos, un visado de salida de que sólo podía ser expedido en Viena. La noche del 15 de marzo de 1938, cuando Franz Kafka llevaba ya casi catorce años muerto, salvo de toda angustia o culpa, de toda persecución, ese mismo expreso que salía a las 11:15 de Viena hacia Praga se llenó fugitivos, judíos e izquierdistas, sobre todo, porque Hitler acaba de entrar en la ciudad, recibido por multitudes que aullaban como jaurías, que alzaban el brazo y gritaban su nombre …”

  • Yo también hui en tren, disfrazado de campesino, un poncho ocultaba mi traje. Me embarqué por la parte trasera al andén. Los militares me seguían los pasos, el tren me llevaría aquella estación de mi niñez.
  • Yo no he huido como tú. Viví el franquismo opresivo, católico integrista. La guerra fue de mis abuelos. Uno de ellos tenía en su ropero un uniforme azul con botones dorados, era una reliquia guardada, seguramente le recodaba su paso por la policía republicana.

No alcancé o no quise, tal vez, contrale cómo llegó a mis manos su libro Sefarad, lo hago ahora con la esperanza de que lea esta crónica.

Escribí un pequeño volumen titulado El Exilio nuestro de cada día que publicó los Amigos del Libro (Bolivia). Le regalé un ejemplar a mi colega Laura Kwiatkowski, en Nueva York. Ella había leído Sefarad y me sugirió que leyera porque el tema – como en mi libro – era el exilio.  El ejemplar de Laura finalmente quedó en manos del entonces presidente boliviano Carlos Mesa al que entrevisté el 2005 durante su visita a la ONU.

“Margarete, igual que se hermana, se casó con un revolucionario profesional, Heinz Neumann, dirigente del Partido Comunista Alemán. En los primeros días de febrero de 1933, recién nombrado Hitler canciller del Reich ….. Neumann y Margarete escapan a Rusia. Él cae en desgracia y es detenido y ejecutado de un tiro en la nuca; a su mujer la envían a un campo en el norte helado de Siberia. En la primavera de 1939, cuando se firma el pacto germano-soviético, una de las cláusulas garantiza la entrega a Alemania de los ciudadanos alemanes fugitivos del nazismo que han buscado asilo político en la URSS. Ninguna frontera es refugio y todas son trampas que se cierran como cepos sobre los pies caminantes de los condenados. A Margarete la trasladan en un tren desde Siberia a la frontera de la Polonia recién dividida, y los guardias soviéticos la entregan a los guardias de las SS, y después de tres años en un campo soviético para otros cinco en un campo de exterminio alemán”

  • El acierto de la editorial Palabra Förlag que ha publicado Sefarad en sueco es el tiempo que vivimos, le digo
  • La confianza que tenía en el pasado ha desaparecido. El pasado no vuelve, lo concreto es que vuelven algunos personajes como los extremismos …
  • … y los refugiados … ya no viajan en tren, lo hace a pie y quedan atrapados en las alambradas de la frontera húngara …
  • … o naufragan en el Mediterráneo.
  • Tienes un libro que lo calificaría de preámbulo de la catástrofe de hoy que se llama Todo lo que era sólido
  • ¿Por qué preámbulo?
  • La solidez del sistema democrático, la solidez de la sociedad de bienestar no era tan sólido como lo demuestras en tu libro y ahí surgen los yerros políticos de la derecha, pero, también de la izquierda. Me parece una explicación ensayística sobre el crecimiento de las desigualdades, la corrupción gubernamental y el desinterés por la política. Esa brecha la han llenado los extremistas.
  • William Faulkner sostiene que el pasado esta lleno de pasados. En mi pueblo, durante el franquismo, había una casa que tenía un letrero que lo taparon con pintura, pero al paso del tiempo la pintura desapareció y se podía leer Socorro Rojo Internacional. Pasa lo mismo con los desaparecidos, la palabra es un sustantivo, pero también un adjetivo, te quiero decir que los desaparecidos están presentes.   

La tarde se puso fría, Gaspar Cano, el editor de Palabra förlag nos llevó en auto hasta la Universidad de Estocolmo. Antonio debía hablar en el Instituto Latinoamericano sobre Sefarad con una profesora que había escrito su tesis sobre la novela de Muñoz Molina.

  • ¿Lo conoces a Eduardo Mitre? Es mi mejor amigo, compartimos en USA, además es un gran poeta y boliviano como tú
  • Sí, de nombre, he leído algunos de sus poemas. Pena, por ejemplo

“Con la misma mano/ que te hirió, / ciega de ira/ como una pedrada; // con la mano cortada/por tu mejilla, / ahora mancho esta página, / sangro estas líneas”

 

Le regalé dos libros míos y el prometió enviarme Un andar solitario entre la gente, su última novela “es un mirara atrás por las calles trajinadas” según la prensa.

Nos dimos un abrazo y me fui con una pregunta recurrente de quien como yo ha cruzado muchas fronteras. Suecia aún no tiene gobierno, la llave la tiene la extrema derecha ¿Prepararemos la valija para seguir huyendo como en Sefarad?

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