Coleccionista de recortes y papelitos

De mi blog

¿No sabías que los exiliados somos esquizofrénicos?  

Juan Carlos Piñeyro se llama mi amigo poeta, nacido en Uruguay radicado en Estocolmo, autor de la revelación escrita en mis apuntes, recuerdo que como explicación me recitó su poema:


La luz encendida cegando tus ojos

Y sinrazón graba su estigma en la mirada

No había mar allí y lo inventaste

No había barca allí y la construiste

Y en el eco remoto de una risa

Lograste navegar

 

Su poema se llama Esquizofrenia, una enfermedad que me pudo atacar temprano, en mi primer exilio “voluntario” (¿hay exilios voluntarios?) Dejé una casa paranoica y busqué la libertad para hacer lo que me decía el verso. Cuando terminé de leer Cuentos de la bohemia insomne salí por las calles de Oruro en busca del bar del libro de Jorge Meza, mi intención era beber todo el trago del Oruro nocturno que me convertiría en escritor, lo único que obtuve fue un gran dolor de cabeza y unas tremendas ganas de vomitar.

Lo mismo hice en Buenos Aires, ese sí era un exilio de verdad, bebí una cerveza mezclada con ginebra sólo porque era consejo de Charles Dickens y volví a vomitar. No llegaría nunca a ser escritor.

Lo que no abandoné fue la lectura. Seguí leyendo y encontré una buena respuesta a mis cuestiones existenciales. Aristóteles aconseja que, para tener una vida buena, el hombre (pienso que la mujer también) debe poseer un cierto grado de coraje. El coraje está en medio de la cobardía y la estupidez.

Con o sin coraje llegué a Suecia, un país donde la seguridad es una drogadicción. Los suecos están enfermos de seguridad, el contagio es rápido, eficaz y sencillo, entonces de la esquizofrenia del exilio se pasa la seguridad depresiva de la nueva residencia.

Si duermes pierdes la noción de seguridad por eso la nueva enfermedad es el insomnio. Para dormir necesitas desde Valeriana hasta pastillas de colores.

Con el tiempo se descubre que la soledad es riqueza. Dios está muerto, los grandes relatos pertenecen al siglo pasado, además, murieron las ideologías. Entonces no tienes otra alternativa que convertir la soledad en la semilla positiva que te lleva a creer en ti mismo, es el nacimiento del individualismo post industrial que, al fin y al cabo, tenía la banda industrial que obligaba a cooperar y transformaba el yo en nosotros, cimiente de la solidaridad y la lucha sindical.  Pero, el individualismo se multiplica en la nueva ficción hecha realidad.

Sin duda, el individualismo es una estrategia cuando se intenta manejar o convivir con la soledad.

La escritura es uno de los remedios, aunque no definitivo porque si no se escribe como sugiere el comprador (mercado), se retorna sin dilaciones al túnel negro de la depresión, es decir se vuelve a la primera casilla donde mora la esquizofrenia. ¿Le interesará al mercado este libro?

El exiliado no es el que está sino el que fue, lo problemático es que no se sabe lo que será en su insularidad.  

Si hay un arquetipo de la soledad es Robinson Crusoe, escapa de la locura gracias al libro que rescata de los trastos del naufragio. El libro rescatado es la biblia. Supongo que cada exiliado (solitario) tiene su libro que lo libra de la locura, el mío es cualquiera que fue o está prohibido. Leyendo libros prohibidos corro el riego de volver a ser exiliado, pero esta vez no será más que la confirmación de que soy un desarraigado que me encuentro como en mi propia casa en distintos lugares (parafraseando a Steiner cuando se refiere a Beckett)

Gracias Juan Carlos, tus versos fueron el detonante de este texto, será que por eso me encanta leer poesía y si es de calidad como la Juan Carlos que comienza con la extrañeza del exilio y termina abuenado con el nuevo medio. Inventor de la palabra desvenir. ¿Me permites mi propia interpretación?

Para mi desvenir es cuando el venir se lleva a cabo de espaldas, uno camina sin mirar y vuelve al lugar de donde salió de espaldas porque la mirada está en el otro lugar que de venir se convierte en porvenir. La patria dejada no es más aquella de donde venimos, por eso uno desviene cuando vuelve, no hay ni los amigos de entonces, ni las plazas ni calles son las mismas o ¿será que el ir y el venir nos ha transformado en otro al que estamos aprendiendo a conocerlo?

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies