Coleccionista de recortes y papelitos escritos

Carlos Decker-Molina

Sí, soy un coleccionista de recortes y apuntes en papelitos de todo tipo; hubo un día que sus contenidos me llenaron de emoción o simplemente me sugirieron escribir un relato, un cuento, una crónica o eran una pista para otra cosa más grande ¿novela? ¿ensayo? Nunca lo sabré.

Hoy recibí la amenaza que coincide con la llegada de la primavera, es un ultimátum anual: “O tiras tú mismo a la basura o lo hago yo. No me explico cómo siguen guardando recortes de diarios, servilletas garabateadas y papeles escritos con una letra que ni tú puedes leer, además, en plena era digital”.

Si dejo mis papelitos en manos de la amenazante dueña de la voz perderé pistas, rastros, huellas, historias que rondan mi mente con solo leer sus contenidos.

¿Tractatus?

Esta escrito con claridad en el papel que primero leo, es latín y quiere decir tratado, carece de comillas lo que quiere decir que debí interesarme por la palabra. Forzando mi recuerdo la asocio con la obra de Ludwig Wittgeinstein austriaco nacionalizado yanqui que escribió el Tratado lógico-filosófico (Tractatus lógico-philosophicus), que me interesó por la filosofía del lenguaje. Nunca alcancé a leerlo, tengo un leve recuerdo de una síntesis en la que alguien escribió: “Se ha considerado salvaje a todo aquello que se resiste al lenguaje, que simplemente “está ahí” sin ser nombrado, clasificado o sistematizado. Lo salvaje es el arte como silencio”

El silencio es contrario al ruido del lenguaje, es la antípoda del discurso, es la violencia y a la vez la belleza. Si la palabra círculo no existiera y viéramos el circulo habrá silencio, es lo que puede pasar cuando se vive en un país con lengua diferente, uno sabe que el círculo es circulo en español; en sueco o en árabe el círculo queda mirado en completo silencio en espera del ruido del lenguaje que lo saque de la categoría salvaje.

Casi quince líneas para explicar o traducir la palabra Tractus escrita en el primer papel que levanto del motón que me mira “salvaje” de acuerdo con Wittgeinstein.

 

El otro apunte está entrecomillado, esta escrito en una servilleta usada, la mancha puede ser café, brebaje bebido cuando escribí: “las palabras no entienden lo que pasa”

No es mío porque está entrecomillado. ¿Quién ha escrito eso?

Cuando escribo, recorto o colecciono papelitos, escucho música o estoy en boliches con música.

De pronto en mi recuerdo escucho que alguien canta: “las palabras que dije o me dijeron, las que aprendí en los libros, las que escribo. Las que pensé mirando una ventana”. El que canta es Zitarrosa, a través del uruguayo llegué a otro uruguayo – estos uruguayos de nombres raros – Bécquer Salvador Puig, poeta y autor de la cita que guardé en algún momento.

Cuando escribí la cita en el papelito no era mi intensión llegar a Puig o a Zitarrosa, pienso que guardé con la idea de analizar la época en que cada vez las palabras entienden menos lo que dicen quienes las pronuncian.

Cuando llegué a Suecia la palabra refugiado tenía un clan positivo, dramático, solidario, amigable, era un sinónimo político de camarada. Hoy la misma palabra es sinónimo de terrorista, está directamente emparentada con el temor al otro. Además, el vulgo – tan mayoritario en la Red – a yuxtapuesto las palabras migrante y refugiado (que no es lo mismo) y ambas, enredadas a propósito, cambian de significado hasta terminar anunciando peligros, inseguridades, violaciones sexuales, robos, violencia callejera, inseguridad ciudadana.

Otro papelito

Había escrito: Misa para sordomudos, y al lado con letras mayúsculas una pregunta ¿cuento?

Miro y remiro el papel tratando de que la hoja escrita con mal pulso me cuente cuándo y por qué escribí, misa para sordomudos.

En Suecia es común mantenerlos informados y hacerlos partícipes incluidos los acontecimientos musicales como el Eurovisión de la canción que se lleva a cabo cada mes de mayo.

Vi a esos “intérpretes traductores” relatar a los sordomudos cada una de las canciones, por turnos, pues, imagino que el desgaste físico es muy grande, se secaban el rostro con una toalla y movían las manos y el cuerpo al ritmo de la canción que interpretaban con señas a los sordomudos que, supongo, reían, lloraban o hacían muecas de disgusto en ese – para mí – silencio de tres minutos.

Si escribí: misa para sordomudos, debe ser que imaginé el silencio doble de la misa, porque las misas a pesar de ser habladas con tonos dramáticos y hasta trágicos tienen el componente del silencio.  

Se siente la voz del oficiante, cura o pastor que dice lo que casi siempre dice y a veces la gente responde con coros disonantes y, con tono bajo, se escuchan algunos murmullos y silencio más silencio.

La misa para sordomudos debe ser un silencio total que rompe con la vieja concepción de llegar a Dios a través del rezo gritado o de la lectura en voz alta del evangelio o de pasajes de la biblia, porque Dios tiene que escuchar el ruego. Su residencia supone lejanía.

Por eso los musulmanes gritan a voz en cuello: Al-lahu-ákbar – Dios es grande –– Dios en árabe es Alá. Algunos han gritado tanto que ensordecieron a Dios, pero si está sordo puede leer los signos de los sordomudos y si no es así, los sordomudos quedarán incomunicados con el ser más importante del universo creado por la imaginación del hombre.

Volviendo al silencio, para llegar a él, debemos dejar la lectura unos segundos – silencio – pensar en la profundidad del silencio … luego volver a posar los ojos en este texto cuyo autor soy yo, el coleccionista de apuntes, copié el poema de un ciego sobre el silencio:

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar quédate mudo
Que un silencio sin fin sea tu escudo
Y al mismo tiempo tu perfecta espada.

No llames si la puerta está cerrada 
No llores si el dolor es más agudo
No cantes si el camino es menos rudo
No interrogues sino con la mirada.

Y en la calma profunda y transparente
Que poco a poco y silenciosamente 
Inundarás tu pecho transparente.

Sentirás el latido enamorado
Con que tu corazón recuperado
Te irá diciendo todo, todo, todo.

Jorge Luis Borges y su silencio como paradoja que nos recuerda al amor.

Ya que estamos en el tema de uno de los cinco sentidos (¿o son seis?) en mis primeros años en Estocolmo solía grabar novelas para que los ciegos puedan (leerlas) escuchando.

Pero, esa es otra historia, no sé si la voy a contar.

Una respuesta to “Coleccionista de recortes y papelitos escritos

  • Dennise Castro
    1 año hace

    “las palabras no entienden lo que pasa”. Que vacío tan lleno de tantas cosas dichas…me gusta, tiene, para mi, un hermoso significado!!
    Tendrás que escuchar a la dueña de esa voz y decir adiós a tus papelitos, servilletas que fueron testigos de hermosos momentos de escape de este mundo!!! Un abrazo! Gracias por compartir

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