COLECCIONISTA DE RECORTES Y PAPELITOS ESCRITOS (IV)

La anotación es con letra menuda, en una servilleta de esas grandes típicas de restaurante, probablemente me presté un bolígrafo porque no suelo escribir con rojo:

 

“La correspondencia, es un género anacrónico, una especie de herencia tardía del siglo 18: Los hombres que vivieron esa época todavía confiaban en la pura verdad de las palabras escritas”

 

¿Quién escribió esto?

El sólo hecho de leer la cita escrita en la servilleta, descolorida y con manchas de ¿vino?, me recordó la transición entre la escritura a mano, en cuadernos, libretas o papeles, a la escritura a máquina que estaba más cerca al comercio y probablemente al mundo político-administrativo-militar. Hoy la máquina de escribir está en el museo.

Las cartas tenían que ser escritas a pulso. Era una falta de respeto escribir a máquina una carta de amor o una carta familiar.

Kafka es el escritor que vivió justo el momento de la transición, además lo cito porque tiene escritos donde se refiere al tema: “El inconveniente de escribir a máquina es que uno pierde el hilo” le dice Kafka a Felice, la mujer con quien se escribía a menudo.

El escritor le daba al hecho de escribir a pulso la calidad del ritmo, un movimiento que pone no sólo la mano en movimiento sino todo el cuerpo, escribir a mano es la prolongación de la respiración que agita y reposa. Ricardo Piglia tiene un capítulo Un relato sobre Kafka en El último lector donde toca el tema, pero, desde el ángulo de la lectura.

¿Se acuerdan del dictado? Profesores dictando y alumnos escribiendo a pulso. Luego pararse para responder el pedido del profesor para leer en voz alta. No sé si sigue esta práctica docente, en Suecia el principio es la lectura crítica, la escritura es una ayuda para expresar esa lectura crítica.

Jefes dictando cartas a sus (la mayoría) secretarias. Secretarias escribiendo garabatos y, las más modernas, signos de taquigrafía.

Si hay un dictado emblemático en la literatura es entre el Supremo y el amanuense Patiño en la novela Yo el supremo de Roa Bastos.

¿Quién es el autor?

¿El que dicta o el que escribe?

Personalmente asocio la escritura a pulso con el dictado de la escuela y con un tío político, profesor de castellano y literatura, que de tanto dictar lo llamaba: (en mis razonamientos interiores) el dictador. Además, ejercía ese papel de cara a su familia, que era parte de la mía. Pero … esa es otra historia.

Uno emite la idea y el otro la plasma al escribir, si la idea no se plasma la idea es sólo idea. En todo caso se produce un desplazamiento como consecuencia de la acción del compilador.

 

“Has trabucado como siempre lo que dicto” le dice El Supremo al amanuense.

 

Alguna vez hice la tarea del escribir un dictado, pero quien dictaba era un analfabeto que quería escribir a su madre, otra analfabeta, que tenía un lector. Cuando le releía la carta terminada, el analfabeto tenía sus opiniones que comenzaban:

“ha quedado bien, pero yo quisiera que le pongas no más song’oi nanan”, eso de corazón doliente no entiendo y mi madre tampoco va a entender”

Al analfabeto (amigo entrañable) le gustaba “dictarme” (era más sugerencias) para que yo las ponga en papel gracias a mi máquina de escribir portátil. Pienso que mi amigo se sentía importante dictándome o sugiriendo o pidiendo ¿le cuento a mi mama eso de la nieve y la oscuridad?

Hoy, luego de tantísimos años, me hace recuerdo a Levi Strauss y su texto Tristes Trópicos, en el que relata su encuentro con los Nambiquara y la actitud del jefe de la tribu frente al papel y el lápiz. Esa escena está en mi libro Carlos el lector (Adarve editores)

Y, volviendo al Supremo, éste inquiere:

¿Dónde ha quedado el dictado? Como la respuesta no le satisface reformula la pregunta ¿Dónde termina el párrafo?

La lectura de la última oración escrita por el amanuense provoca la ira del dictador, pues, no reconoce su dictado.

En el caso de la novela, lo importante es que el lector sabe que la oración escrita/leída es correcta. Roa Bastos juega con ese interlineado.

Patiño, el amanuense, se defiende:

Mientras escribo lo que me dicta no puedo agarrar el sentido de las palabras.

¿Habrá diferencia entre escribir a pulso, en máquina y/o en computador?

Personalmente no twitteo (robo de palabras) porque el acto de escribir debiera ser pensado y repensado y, a veces, pues, el enojo, el insulto, la mentira del twitter se responde con la tinta-bilis del hígado y en lugar de contribuir se aumenta el caudal de basura simplemente por no usar el cerebro que es más noble que el hígado.

Escribir a pulso supone pensar primero, pensar una segunda y tercera vez antes de escribir para no borronear la carta de amor que se intenta. Hacerlo a máquina le quita ese ritmo humano del que hablaba Kafka y decir te quiero a máquina es casi como twittear la misma palabra en otro idioma en el que sentimiento no siempre coincide con la realidad.

No se puede decir te quiero a la rápida o en un idioma que, el o la receptora, no lo haya aprendido en el seno de su madre, sin entrar en sospecha.

El dictar a una secretaria o a una taquígrafa (¿se acuerdan de ese oficio muy de mujeres? Conocí dos: Josefina en Buenos Aires y Britta en Estocolmo) es una tarea que desapareció hace muchísimos años. Pero la literatura o la historia de los escritores devuelve a la vida a la taquígrafa.

Hay una, que protagonizó un hecho romántico con el gran Fyodor Dostoievski, el dictar y escribir tiene un halo romántico. Piglia cuenta citando un texto de Butor que el ruso agobiado por sus deudas debía escribir al mismo tiempo Crimen y castigo y el El jugador (uno en la mañana y otro en la tarde) entonces decidió contratar a Anna Giriegorievna Snitkine, una taquígrafa.

La seducción está aparejada al dictado y la gran capacidad de producción del que dicta. En octubre de 1866 le dicta El jugador, en noviembre pide la mano de la taquígrafa y en febrero de 1867 se casan. Para Piglia es una situación kafkiana por la velocidad productiva del ruso.

Mi interpretación es más bien mercadista, Fyodor, al casarse, se ahorró el salario de la taquígrafa; en el libro del economista (padre del liberalismo) Adam Smith se lee: “las personas hacen lo que hacen porque van a obtener una ganancia” ¿Será? ¿Y, la mamá que cocina todos los días nuestro almuerzo, ¿lo hará para obtener una ganancia?

Comenzamos citando a alguien que dice que la correspondencia es un género anacrónico, diría muerto, porque la comunicación digital no ha sustituido al género, lo ha asesinado. En la red no hay normas ni reglas y tampoco ortografía.

Se ha modificado la comunicación. A riesgo del encono de los ciberciudadanos, diría que se ha vulgarizado.   

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