CARLOS DECKER-MOLINA hablará en el Instituto Cervantes de Estocolmo sobre sus libros, los quemados por huir, los recuperados en el exilio y la biblioteca multilengua.

COMENTARIO DE ALBA MARÍA PAZ SOLDÁN 

Viajes, lecturas, movimiento

Viajar no es morir un poco de Carlos Decker-Molina

 

Viaje, vida, muerte, camino: palabras que se abren en múltiples sentidos, para aludir de forma insuficiente a lo mas misterioso de nuestro sino. Ese destino que nos espera y del cual nada sabemos. Ante la angustia que produce tal misterio hay quien prefiere pensar que ya todo estaba escrito en alguna instancia divina, lo que hace justicia al origen del término, signum: señal o presagio. Hay también quienes conscientes de su mortalidad y sin animarse a dar respuestas tan contundentes solo observan su propia vida para establecer distintos encadenamientos de circunstancias y establecer modestamente alguna relación, alguna ligazón entre esas circunstancias. Diría que este es el caso del texto de Decker-Molina, pero veamos poco a poco.

 

En la palabra viaje hay siempre una tensión de búsqueda y de cambio, de la que se deriva la calidad del movimiento y la experiencia, así al hablar de la vida como viaje el énfasis estaría en esa tensión. Por eso mismo, podemos asimilar el viaje a una serie de actividades que comprometen también esa tensión de búsqueda y cambio: estudiar, investigar, buscar vivir intensamente. Y así los sentidos de viajar y vivir siempre se entrecruzan y encuentran. De manera complementario podemos citar a Jung  para quien viajar es una de las imágenes de la aspiración nunca saciada, es decir del deseo que se desplaza continuamente.

 

Viajar no es morir un poco, se ubica en lugares imaginarios semejantes a los descritos arriba, puesto que con la negativa ante la palabra morir, también enfatiza el vivir. Pero en realidad el título habría que leerlo en diálogo con el poema de Edmond Haraucourt, que se inicia con la palabra partir:  partir es morir un poco/morir en aquello que amamos… Este inicio cambia la perspectiva, pues partir parece pensar la situación desde el lugar de lo que se queda, en cambio la perspectiva de viajar es la del movimiento, de mirar adelante, El poema de Haraucourt pone el énfasis en la separación, en lo que dejamos atrás, al viajar, al morir, en lo que de nosotros queda allí; en cambio el texto de Decker-Molina indaga más en lo que es el movimiento, el viajar, el vivir, aunque también esté presente la despedida, la separación, en menor medida: una pareja que el niño recuerda haber visto en el tren intercambia miradas y luego se despide “sin dirección postal”, pero su viaje continúa; el Niño tiene que separarse del abuelo al subir al tren, pero también al bajar, por seguridad. Por eso es que podemos entender el dialogo Haraucourt/Decker así: Partir es morir un poco, (pero) viajar no es morir un poco, porque siempre se mira adelante, 

 

En ambos casos ese hermoso “…un poco”, tiene la función de relativizar, sobre todo la fuerza del término morir, o la oposición vida/muerte. Ambos autores parecen mostrarnos que no hay tal oposición , sino que vivir y morir son solidarios y continuos. La compleja relación entre vida y muerte que nos hacen pensar estos textos, está dicha también de otra manera, quizás más inmediata y cruda, por el poeta J. Cristóbal Maclean en su “Meditación muy severa en torno a la imposibilidad del amor”

 

Morir es cierto

Ya lo sabemos todos:

Vivir no es más que una sandalia

Que va calzándose la muerte. (Por el ojo de una espina, 2005)

 

El constante contrapunto entre las diversas situaciones vitales y el viaje del niño de cuatro años con el abuelo, en el texto de Decker-Molina me lleva a pensar en que este se establece como el viaje primordial, aquel que por muy poco que parezca contener, ya será la matriz o el modelo en el cual todos los siguientes se reflejarán e irán formándose con esos significantes. El primer viaje del niño de cuatro años en compañía del abuelo a Parotani, es un partir dejando la ciudad, huyendo, es un viaje de exilio. Ese exilio va a ser una constante en los recorridos de esta voz, pero también será una marca de su mirada hacia los otros, los migrantes centroamericanos hacia EE.UU, los árabes, los africanos, los Argentines hacia o en Europa. Esto pone en evidencia la pérdida que el viaje significa, la sensación de temor y abandono, pero al mismo tiempo una situación mundial que actualmente nos agobia.

 

Este viaje primordial revive también en la imagen del tren como viaje hacia lo desconocido con las diversas connotaciones de pérdida, abandono, dolor y hasta muerte. El viaje de Primo Levy a Auschwitz, el de Evgenia Ginzburg, condenada por Stalin, en un tren donde todos los pasajeros iban muriendo de tifus, el tren que separaba y reencontraba a Kafka y Milena, los vagones en que viajan los centroamericanos. Tren y condena, tren y destierro, tren asociado al exilio de un país o de la vida.

 

Sin embargo, ante la pérdida, el abandono y el temor, en ese viaje primordial está siempre la palabra del abuelo que acompaña y calma o colma el enigma y la angustia, aunque su palabra no es siempre optimista. Ahora bien la reminiscencia de esta palabra que acompaña y consuela, en el viaje de la vida posterior, en esos otros innumerables viajes serán los libros, textos leidos, el recuerdo de esos textos leídos. Así entonces, la referencia a otros textos, la intertextualidad, será una característica de este texto de Decker-Molina, 

 

Ithaca de Kavaffis está citado casi in extenso, quizás por esa aproximación que hace el poeta griego del viaje con el camino, o el proceso de la vida, pero también porque ese retorno al origen, Ithaca, deja vislumbrar el retorno a ese viaje primordial entre Cochabamba y Parotani, que el texto instaura como el origen del movimiento que implica al mismo tiempo la vida y los viajes del autor. Y la escritura sería el viaje, ese tipo de viaje interior, la que retorna al Origen, a ese origen, porque “Viajar es recordar” dice el abuelo.

 

Aparecen también otros textos que nos traen viajes de exilio, de separación, viajes forzados de migración: Tiempos salvajes, la novela de Joseph Kessel con el horror de los trenes de una sola dirección en la Rusia de Stalin; el hermoso poema de Joumana Haddad, un texto también del retorno, pero después de una vida negada por una muerte temprana al huir en busca de un país, un lugar que la acoja; las cartas de Kafka a Milena con los viajes en tren de encuentros y de muerte; Corazón de Edmundo de Amicis, el gran viaje del encuentro del niño con su madre. 

 

Pero para terminar me interesa subrayar la referencia a Wu tao-tzu, la ultima en el texto de Carlos. Wu Tao tzu se embarca al otro lado de la forma visible de su arte, en ese tren al que ha logrado dar forma durante tanto tiempo. Según Sven Lindqvist, estudioso del mito de Wu Tao tzu, éste al tener el coraje de vivir la soledad logró la intimidad entre el lugar, la imagen (el paisaje) y la persona. En el texto de Decker-Molina sea cual sea el lugar, están él y la imagen de ese primer viaje a Parotani. 

Alba María Paz Soldán U.

Ostuni, septiembre de 2019

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