Tomasa

1 valoración en Tomasa

  1. Tomasa, una novela sobre la identidad y el exilio
    • Juan Manuel Fajardo – Ensayista y Crítico de Cine y Literatura
    ¡Carajo como duele el exilio…! espetaba Carlos Decker-Molina en medio de una conversación sobre “Tomasa” su novela, finalista en un certamen internacional; una botella lanzada al mar por un náufrago perdido en una perdida isla desconocida, sin carta de navegación alguna, diría yo. El contenido de la botella de Decker-Molina es un manuscrito, una relación escrita del mundo de los exiliados, donde los valores morales se entremezclan con los placeres degradados de los desheredados del solar donde nacieron, de todo aquello que los hacia un referente humano, ahora quizá escondidos tras la fachada de una sobrevivencia asistida, en un lejano lugar como resulta ser Suecia.

    “Tomasa” es una mezcla, un ensamble de la opinión del autor sobre sucesos y los sucesos mismos, versa sobre el exilio y algunos acontecimientos trascendentales de la política local e internacional, del pasado y actual sin omitir los hechos de sabor humano o anecdótico del hombre común y corriente; en su estructura se encuentra la objetividad descriptiva, el empleo de verbos de acción y precisos adjetivos de color. Normas profesionales de redactar la noticia, se advierte han ejercido influencia en la prosa narrativa de Decker-Molina, su presencia no se ciñe exclusivamente al aspecto del estilo, abarca también una zona que comprende un afán documentalista que identifica a un sector considerable de la novela, que pretende la descripción estricta de la realidad, lo mismo que la experiencia vital que nutre la crónica del periodista observador directo de los acontecimientos; es esa, la experiencia periodística profesional la que el autor eleva al alto plano de la literatura. Sus procedimientos de estilo periodístico han sido asimilados al caudal de la técnica narrativa, revelando la visión humanizada del reportero que describe, unas veces con espíritu festivo y otras con vena sentimental las penurias de los refugiados, los exiliados forzosos y voluntarios, los bohemios, los desplazados tan bien caracterizados por Orwell, los Outsiders.

    La narrativa no es continua, sino una relampagueante procesión de incidentes en que vuelven a aparecer personajes que no se relacionan más si no ocasionalmente; desconcierta el agudo impresionismo de su estilo y la candidez con que cuenta la oculta vida de los mismos. Decker-Molina escribe como un reportero que en busca de noticias sobre el pasado de Gualberto, saca a la luz las intimidades de muchas vidas; se mueve con facilidad y con conocimiento entre varias clases sociales, dedicando especial atención a los desarraigados que van a la deriva en la Europa del siglo XX y XXI; emplea con habilidad la técnica periodística; crónicas, lacónicas frases, semblanzas, se mezclan con la ambición de captar instantáneas rápidas; cada capítulo va seguido por fragmentos, percepciones personales del protagonista, utilizados con el propósito explícito de vigorizar la ubicación de la atmosfera del relato, a la vez que contrastan con lo narrado para penetrar en la intimidad de situaciones y personajes con prosa enrevesada, un recurso para mantener los nexos en el pasado y en el presente con la realidad circundante.

    “Tomasa” es un documento social de inquietante realismo del inframundo de los exiliados, también en el limbo interior de sus conciencias; un libro sumamente atractivo para todos cuanto sientan interés lo mismo humano que sociológico por el tema.
    Decker-Molina trata de acercar a nuestro conocimiento ese mundo remoto, para vincularlo a otro más familiar, el de Bolivia y América Latina. En “Tomasa” el drama no se agota en la trama como diría Malcolm Lowry en una carta a un amigo, sobre su obra “Bajo el volcán”: “El libro fue delineado, rehecho y soldado internamente de tal modo que se lo puede leer un número indefinido de veces, sin agotar todos sus significados…”, “Y es con esa esperanza que a pesar de todos sus defectos, se lo ofrezco a Ud.”.

    “Tomasa” novela matizada por un calculado juego narrativo que mitiga su patetismo, casi bilingüe o trilingüe por el uso del sueco y algunas palabras quechuas, con un glosario al final de la obra que me recuerda, “El trueno entre las hojas” de Roa Bastos con estas características. La vida es un viaje, siempre un viaje, cuya última estación es la muerte; en “Tomasa”, además tiene ese componente surrealista llamado “Deliverance”, con el que termina para el lector. ¿Y para el autor?

    El tiempo dirá si el autor la concibió como una forma de terapia personal y catarsis particular.

Añadir una valoración

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *