Las cosas

Carlos Decker-Molina

¿Qué son las cosas? Cosa es un objeto sin vida, pero si decimos que, en Europa, la cosa está muy mal, nos estaremos refiriendo a una cualidad, lo último es más bien coloquial. Me quedo con el objeto sin vida, ese que no puede hablar, pero, tiene historia.

En la Casa de la Cultura de Estocolmo, miré unas fotografías tomadas por la cámara barata de Patty Smith. Son cosas, objetos sin vida, que no pueden contar lo que ve o sienten, no hay historia que relatar, aunque hayan sido partícipes de ella y guardan reverente silencio, son cosas sin voz, son cosas sin vida

La silla de Roberto Bolaño

“Creo que sí, mi silla te vigilaba mientras yo te ignoraba ¿no? Como sí la silla y yo fuéramos una sola persona o un solo ente. Y la silla era mala, precisamente porque te miraba, y yo también era malo porque te había mentido y no te miraba” (Bolaño 2666)

La otra silla, la de la fotografía, es el objeto en el que Roberto Bolaño se sentaba. ¿Sería herencia de alguna tía chilena? ¿La habrá comprado en una casa de acciones en Barcelona? ¿Es acaso una cosa adquirida en un mercado de pulgas del Distrito Federal? ¿Por qué Patty Smith, quién visitaba al escritor, fotografió la silla de Bolaño?

En esa silla, el autor de los Detectives Salvajes, pensaba: Los detectives estaban perdidos en la oscuridad de la ciudad. El reloj marcaba cualquier hora apretada entre el ayer y el mañana. La sangre se había vuelto costra en el piso del dormitorio. Volver al lugar del crimen es siempre igual a una pesadilla. Vio la silla, la retiró de la esquina y la puso en el lugar más oscuro, se sentó y fumó su primer cigarrillo y esperó que vuelva la pesadilla. Será una noche interminable. Qué suerte que tengo esta silla donde acurrucarme.

El baño de Trotsky

Patty Smith y sus fotos, pretenden ser instantáneas de cosas sin vida. Una de ellas testificó las abluciones del autor de la revolución permanente.  

Es la foto del baño de León Trotsky. Se observa en la perspectiva la bañera que recibió el cuerpo del enemigo de Stalin.

Era una noche cuando el niño despertó con los gritos y el estruendo de los disparos. Saltó al suelo y miró el baño, allí podía ocultarse, pero, quedó en su cuarto metido debajo la cama en lo más hondo que pudo. La puerta del baño parecía crujir porque alguien la había abierto o cerrado, tal vez el viento. Pasó el tumulto, los estalinistas mexicanos no lograron su objetivo.

Pasaría tiempo para que el niño cierre los ojos hasta el dolor para evitar ver a su abuelo tendido en el suelo, con la cabeza abierta y sangrante a los pies de Ramón Mercader y escuchar un susurro, “no permitan que me vea Esteban”

Esteban se llama el niño que esa vez sí se metió en el baño a llorar.

Hoy es un anciano con los mismos ojos húmedos de su abuelo.

Las muletas de Frida Kahlo

 

Si uno está dispuesto a dialogar con el dolor, las muletas son buenos interlocutores y más aún si resistieron el cuerpo de Frida Kahlo. También es la metáfora de Platón que dijo: “la escritura es la muleta de la memoria”.

En la foto de Patty Smith se la ve mustias, nos miran y nos enseñan su antigüedad de madera. Lo único que vibra es el dolor de Frida. La sombra de las apoyaturas es por causa del sudor de la mujer, que mal amo el muralista Diego Rivera.

Cuando le iban a amputar una de sus piernas, Frida dijo “Pies, para qué los quiero si tengo alas pa’volar”.

Fui a la casa azul en el barrio de Coyoacán para escuchar los lamentos de Frida, me dijeron que se suelen escuchar por las noches. La guía me volvió a la realidad, “son leyendas”. No vi las muletas. Ahora que veo la fotografía de Patty Smith, las muletas cobran vida y siento su paso pesado, el ruido que hacen cuando tocan la baldosa con sus puntas, el movimiento oscilante el cuerpo de Frida que avanza con el ceño fruncido de dolor.

¿Será por eso que uno tomaba fotografías en el pasado? Para darles voz a las cosas o para trasportarnos a la historia detrás de cada una de ellas.


 

 

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